lunes, 1 de abril de 2013

Caminos

El primer paso ya está dado y ahora toca escribir sobre el camino.
Y resulta ser que el camino es nada más y nada menos que la propia vida.

Como muy bien dice el refranero "Todos los caminos llevan a Roma". Pero en esta ocasión Roma refleja el único acontecimiento que nos iguala a todos, dicho suceso que tanto miedo nos da, que tantas creencias diferentes suscita y que tanto nos condiciona a la hora de escribir nuestro camino. Y dependiendo de cómo lo aceptemos, escribiremos nuestro camino.

Yo soy de la opinión de que esto es un camino con un único sentido. Podemos caminar siempre recto, serpentear por el camino, dar vueltas y demás maniobras pero lo que no podemos hacer es caminar marcha atrás. Lo recorrido, recorrido está y las experiencias que vayamos viviendo pasarán a formar parte de nuestro equipaje.
Por eso creo que es importante ir con los ojos bien abiertos para ver las diferentes rutas y salidas que nos ofrece el camino. Y para eso creo necesario detenerse cada cierto tiempo para descansar la vista y orientarnos para seguir la ruta deseada.

Muchas veces he tenido la sensación de que las vidas ya están programadas y de que no tenía ni voz ni voto a la hora de escribir mi camino. Pero en estos últimos meses me he dado cuenta de que esa sensación se la crea uno mismo. Todos tenemos, por lo general, la opción de romper con aquello que no nos gusta. Lo que sucede es que esta ruptura cuesta y suele llevarnos por caminos no tan sencillos.
Es como si conducimos tranquilamente por una autopista. El asfalto está en perfectas condiciones, las curvas están señalizadas, tenemos gasolineras para repostar, etc... pero por otro lado tenemos que pagar peaje.
Sin embargo si decidimos salirnos de la calzada y optamos por un camino silvestre no tendremos tantas comodidades. El camino no estará asfaltado, seguramente haya zarzas por el camino y tendremos que agudizar el ingenio para repostar, etc... Pero no hay peajes que pagar.

Con esto no digo que no esté bien la autopista pero si creo que hoy en día es necesario detenerse para ver si realmente es lo que queremos porque muchas veces circulamos por ella por inercia y por comodidad. Y es que hoy en día en las autopistas se circula muy rápido y es peligroso detenerse pero yo animo al personal a que pare en la próxima estación de servicio y descanse la mirada.

Porque caminos hay muchos y todos llevan a Roma pero lo importante es elegir el nuestro.

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